viernes, junio 12, 2009

Riot of violence

- ¿Cómo qué está muerto?, ¿cómo que está muerto? - chillaba histéricamente Clara mientras yo estaba sentado en el suelo con las manos en las rodillas moviéndome hacia delante y hacia atrás.

- Está muerto y ahora es una de esas cosas... -

- ¿Cosas?, ¿de qué estás hablando?, ¿qué está ocurriendo?, ¿por qué están destruyendo cosas como tanatorios?, ¿por qué mi hijo no está aquí?, ¿por qué?.

- ¿Por qué? - grité, me incorporé, le cogí violentamente el brazo y así encaminé mis pasos hacia la ventana del salón, la abrí e hice que se asomara - ¿Lo ves?, ¿ves lo qué está pasando?, ¿ves en qué se ha convertido tu hijo?, en un cadáver andante como esos de ahí fuera. Sus ojos estaban como platos, pensaba que los había visto, pero no era así, creo que para ella fue suficiente castigo contemplar varios cadáveres andante dirigirse lentos pero seguros hacia un grupo de quinceañeros que les arrojaban unas botellas que se hinchaban y explotaban. Buen intento, amoniaco de limpieza con bolas de papel de plata en una botella cerrada, así lo único que conseguían era llamar más su atención - Tu hijo ahora es uno de ellos, nuestro hijo ahora camina por la tierra con una sola obsesión, atrapar seres vivos, no fue culpa mía, ni tampoco suya, ni siquiera de quien ha disparado.

- ¿Cómo que no es culpa tuya?, si en vez de llevártelo a ese estúpido partido lo hubieras dejado aquí, seguiría con vida.

- Hubiera muerto, como vamos a morir nosotros, he visto como les disparan y no les hacen ningún rasguño.

- Suéltame Alberto, suéltame, no quiero verloooo - gritó aterrada. Alguna noche continúo escuchando las voces de aquellos insensatos tras ser presa de los muertos vivientes, lo último que recuerdo antes de cerrar la ventana es ver el rostro ensangrentado de una de aquellas cosas alzándose hacia arriba con un pedazo de carne humana, fijando sus ojos en los míos y gimiendo amenazante, como diciendo, te he visto y tú serás el siguiente.

- Enciende la televisión.

- ¿Qué?, tu hijo ha muerto y ahora quieres ver las noticias, ¿te has dado un golpe?.

- Escucha, esto es el jodido fin del mundo, Marcos ha tenido una muerte dulce, ni siquiera ha sufrido, nosotros vamos a morir devorados por una masa de cuerpos podridos que caminan a sus anchas como si ésto fuera el mismísimo infierno, una vida humana no vale ya nada, pronto estaremos junto a él en otro sitio mejor, pronto, ya no podemos hacer nada. ¿Acaso no ves que esto es un maldito castigo divino?, quiero saber los motivos, enciende el puto televisor.

Apretó el botón y la pantalla se iluminó, ¿qué me estaba pasando?, acababa de contemplar morir a mi hijo ante mí, un hijo que estuvimos buscando durante tanto tiempo, que nos colmó de alegría, que era todo alegría y solamente quería ver la situación de manera global, ¿acaso todo era producido por un shock emocional o era mi cerebro el que actuaba a su libre albedrío?.

Perfecto, estaban en todas partes, imágenes de ataques en masa contra la población civil en Madrid,imágenes de equipos de televisión cuya furgoneta era atacada en pleno centro de Nueva York, imágenes de algo parecido a una manifestación en un pueblo abertzale, pero con la curiosidad de ver a la policía disparando y siendo apoyada por jóvenes lanzando cócteles molotov, la Casa blanca totalmente rodeada por muertos vivientes, en Corea del norte la gente manifestándose contra Estados Unidos por considerar todo un ataque mientras eran perseguidos por sus camaradas reanimados, el presentador de los deportes siendo devorado por la chica del tiempo en otro canal... ésto es el fin del mundo y así se lo estamos contando.

- Pero nadie dice por qué todo... -

- A la mierda todo Alberto, toda la puta vida viendo películas de muertos vivientes y nadie ha podido pensar que algo así iba a ocurrir.

Me acerqué al pc de sobremesa, cerré el programa de descarga de películas, ( a la mierda todo), y me dirigí desde firefox a yahoo.

"¿El fin del mundo?", bonito título, pinché en el vínculo, fotos y más fotos de muertos vivientes, vídeos, declaraciones de políticos desde sus refugios, declaraciones de guerra entre países fronterizos, pero en ningún momento una causa, un motivo, algo.

Me dio por meterme en un foro que visitaba a diario, lo mismo,"Fotos desde mi ventana", "Vídeo de zombies comiéndose a un mendigo". Escribí un post nuevo preguntando si alguien sabía los motivos, a los diez segundos cien contestaciones, castigo divino, ataque terrorista, experimento fallido, me chocó una respuesta, fue la primera vez que vi el nick hunters,su respuesta,"Ante todo resiste".

Aparté la mirada del monitor por un segundo, Clara se había ido a la cocina, desde la ventana estaba hablando con los vecinos, todos estaban acojonados, no era de extrañar, la música de fondo sobre el edificio, en el barrio, en la ciudad y donde quisieras imaginar era una mezcla entre gemidos de ultratumba, alaridos histéricos, disparos indiscriminados, acelerones, helicópteros contemplando todo desde el aire, frenazos en seco, explosiones... Bienvenidos a un mundo ideal donde todo se desmoronaba y donde la frase el hombre es un lobo para el hombre se plasmaba con todo lujo de detalles.

- Alberto, me acaba de decir Lucía que han entrado al portal, ¡han entrado al portal!, han escuchado el sonido de cristales y después, esos gemidos - Lucía era una de las vecinas del primero, su puerta estaba ubicada de tal forma que era la primera que veías tras subir un pequeño tramo de escaleras.

- Diles que resistan, que ante todo no abran la puerta. ¿Cómo habían roto el cristal?, tal vez después de tanto chocarse contra él había cedido, tal vez incluso alguien buscando cobijo.

- Que alguien me ayude- se escuchó en toda la escalera, muy bien bonita, gracias a tu estupidez habían dado con nosotros.

Felicidades... nos había regalado un billete para una pronta muerte a dentelladas.

When the man comes around.

¡Santo Dios!, ¡estaban en todas partes!,cientos, miles, ¿de dónde demonios habían salido?, a estas horas, la ciudad se había convertido en un auténtico infierno. Conducir era una tarea casi imposible, todo el mundo intentaba huir. Nos había pillado a todos por sorpresa.

Di un volantazo y casi me estampé contra el cristal de un bar, en su interior se encontraban algunas personas, habían conseguido bajar la reja y contemplaban con horror a esas malditas cosas que se agolpaban para intentar atraparlos. ¡Maldita sea!, mi hijo muerto y sin embargo ese maldito viejo con su gorra respirando.

La situación era caótica, los peatones corrían sin rumbo fijo con el consiguiente riesgo de ser atrapados y devorados, pero también de ser atropellados, los conductores pasaban de las normas de circulación, se saltaban stops, semáforos, pasos de cebra, se subían a las aceras...

Contemplé un choque entre un Clio y un viejo seiscientos, en vez de salir disparado a pie para seguir huyendo, a la del Clio, una jovencita de unos veinte años, no se le ocurrió otra cosa que salir del coche y empezar a increpar a la anciana del automóvil más pequeño, vale, todo perfecto... maravilloso, lo último que vi, varios brazos podridos destrozar su cuerpo.

¡Qué fuerza tenían!, eran capaces de seccionar miembros de un ser humano con la ayuda de sus manos. De todos tamaños, altos, bajos, viejos, jóvenes, niños, ¡hasta bebés que se arrastraban por el asfalto!, cuerpos a los que les faltaban las piernas, los brazos, ¡hasta la cabeza!, mujeres con el pelo enmarañado, viejos con su mejor traje, niños con ropa ensangrentada... Un hedor insoportable lo inundaba todo, sus gemidos se juntaban con los gritos de terror de la ciudad, a los que se unían esporádicos disparos. La policía totalmente desbordada, agentes ocultos en improvisadas barricadas disparando a una multitud que avanza lenta pero segura hacia su objetivo.

Conecté la radio, en algunas emisoras, gritos y gemidos de esas cosas, en otra un aterrado locutor leía pasajes de la Biblia, solo en una comentaban lo que está ocurriendo, ¡qué no salgamos a la calle!, ¿pero se puede saber quién iba a estar preparado para ésto?.

Sonó el móvil, es Clara, ¡seguía con vida!, intenté enchufar el aparato al manos libres a la par que esquivaba una columna de esas cosas que me miraron con ojos ansiosos, era la persona con más suerte del mundo, entre ellos hallé un paso por el que mi coche pudo pasar.

- ¡Clara! - grité.

- Alberto, ¿qué está ocurriendo?, por el amor de Dios, en cuanto he llegado del trabajo he puesto la tele y me encuentro con todo este follón, la gente por el patio gritan una y otra vez que no abramos la puerta a nadie, joder, en la tele están diciendo que el ejército está intentando precintar todo depósito de cadáveres, ¿cómo está Marcos?.-

- Marcos está... muerto - no sé si oyó la última palabra con el contínuo e incesante sonido de coches chocándose y de gritos.

- Volved rápido a casa - no, no lo oyó, ¿volver rápido?, maldición, menos mal que esos cabrones eran lentos, solo podía ir a cuarenta o cincuenta kilómetros por hora, todo eran choques, gente que te gritaba, que te señalaba a sus hijos para que les ayudases, ¡yo había perdido al mío!. Nadie iba a ayudarme para conseguir que volviera a la vida.

¿Qué coño es ese sonido?, helicópteros sobrevolando la ciudad,¡joder!, disparando desde ellos sin ningún miramiento, daba igual que fueran vivos o muertos vivientes, no se percataban de que si disparaban a gente normal lo único que conseguían era aumentar el número.

"Abandonen las calles, vuelvan a sus hogares y cierren las puertas, abandonen las calles repito", malditos hijos de puta, primero dispara y luego da órdenes.

"Abandonen sus vehículos e intenten llegar a pie, pueden conseguirlo puesto que el enemigo es lento y anda pesadamente". Claro, es normal, abandono el coche, empiezo a correr, me pierdo y me topo de frente con doscientos muertos vivientes a los que solo les faltaría ponerles los cubiertos, ¡qué os jodan!.

La madre que me... lo que me faltaba, mi portal rodeado de esas cosas, mi calle era un pasaje del infierno, cadáveres andantes devorando a algunas personas que aún siguen con vida, algún valiente haciéndoles frente... ¡con una pala!, antes de ser alcanzado de un palazo arrancó a uno la cabeza, ¡pero el cuerpo seguía moviéndose!. No, ésto no era como en una película, durante mi huída vi como algunos disparos les alcanzaban en la cabeza y seguían avanzando tan panchos.


Esta gente es idiota, pensé al ver a los vecinos del cuarto salir del portal con palos de escoba intentando hacerse paso entre la maraña de cuerpos que se agolpaban. Gracias, muchas gracias... gracias a vuestra estupidez, camino despejado. Abandoné el coche y corrí hacia la puerta de entrada del edificio. Tenía una suerte tremenda, no me perseguía ninguno, ninguno había intentado hacerme nada aunque había recorrido media ciudad, era como si no... ¡mierda!.

Un gemido a mi espalda, me giré, el idiota del vecino del cuarto, recien devuelto a la vida y su adorable familia, cuatro gordos sebosos a los que les habían hecho adelgazar de repente tras haberles sacado hasta la última víscera de la tripa, ¡qué asco!, ¡qué pestazo!,el olor era indescriptible, junto a ellos, cuatro adolescentes con pelo cenicero a los que les falta media cara... Se acabó la buena suerte.

Corrí hacia el portal, otros tantos intentaban llegar a mí, afortunadamente, mis estúpidos vecinos no habían cerrado la puerta del todo y pude entrar, en el último momento uno de los adolescentes chocó contra el crista.

Escuché el griterío de los demás vecinos en sus casas como posesos intentando sobrevivir a la situación. Subí por las escaleras,llegué a mi piso, llamé al timbre y grité a Clara su nombre, giró la llave, abrió y entré.

- ¿Y Marcos?- es lo primero que me pregunta a la par que cierra la puerta blindada.

- Está... está muerto... - le dije a la vez que me derrumbaba con lágrimas en los ojos.

martes, junio 09, 2009

Mi pequeño apocalipsis

Bien, así que la persona o las personas que se esconden bajo el nick de hunters quieren conocer mi historia.

Un mes atrás, la rutina diaria solo fue interrumpida por la sonrisa de Marcos, mi hijo de nueve años, al contemplar las dos entradas para el partido de fútbol que yo sostenía ante su mirada vivaracha. Iba a ser la primera vez que pisase a un estadio y, como bautizo de fuego, ni más ni menos que los campeones de Europa en un partido amistoso.

A su madre no le hacía mucha gracia verse separada de su pequeño y más sabiendo que iba a ir a un lugar rodeado de treinta mil energúmenos cuya máxima obsesión era berrear y recordar constantemente a los familiares del árbitro.

Clara parecía poseer un sexto sentido para las fatalidades, aquel miércoles por la mañana me rogó que no fuéramos al campo.

- No te preocupes, no va a pasar nada, ya no es como antes, además es un partido amistoso- le dije mientras me ponía una camisa blanca pulcramente planchada por mí la noche anterior, cosas de la vida moderna, si mi difunto abuelo me viese...

Al crío no le iba a quitar la ilusión, desde que se había levantado llevaba puesta la camiseta oficial y con ella se tiró puesta todo el día, hasta las ocho de la tarde, hora en la que añadió a su equipación una bufanda. Yo no llevé nada, nunca me había gustado hacer ostentación por algo que realmente no me solucionaba la vida, a fin de cuentas, al día siguiente me tenía que levantar a la misma hora para soportar el mismo horario infernal de 10 horas.

El crío alucinaba con la cantidad de gente que se amontonaba en las puertas de acceso, me hizo gracia ver como se aferraba a su entrada cuando una chica le pidió que se la enseñara, debió pensar que esa malvada morena se la iba a robar puesto que solo le enseñó el borde.

Las gradas eran una auténtica locura, el ambiente era totalmente festivo, no era de extrañar, una ciudad tan pequeña como ésta albergando a jugadores cuyas cláusulas eran el equivalente al presupuesto de varias empresas del entorno.

Sonó el himno nacional del equipo visitante, si soy sincero, ni me acuerdo de que país era, creo que uno pequeño cuyo nombre terminaba en astán. Fue entonces cuando comenzaron los problemas. Antes de ponerse a tocar el himno nacional, me pareció escuchar varios disparos lejanos, eran ráfagas que se repetían una y otra vez en varios puntos de la ciudad.

-Atención, debido a los incidentes que se están produciendo en el resto de la ciudad, el partido ha sido suspendido, por su seguridad, manténganse en su asiento hasta nuevo aviso- avisó una voz por megafonía.

¿Incidentes?, ¿qué incidentes?, nos preguntábamos todos, durante el camino hacia el estadio todo se encontraba en el mismo sitio, todo era igual,la ciudad iba y venía como todas las tardes.

-Papá, ¿qué pasa?, ¿por qué se meten los jugadores al vestuario?- preguntó Marcos.

-No lo sé, todo irá bien - le dije, pero en mi interior sabía que no iba nada bien. Todo era muy extraño. ¿De qué magnitud eran esos incidentes que megafonía repetía incesantemente?, ¿acaso un grave atentado?. Me vino a la mente la voz de mi mujer, debí haber hecho caso a sus palabras.

-Papá, papá, salen otra vez al campo, pero papá, ¿por qué les protege la policía?.

-Joder, debemos marcharnos de aquí ahora mismo - dijo un viejo con una radio con auriculares - el centro de la ciudad se ha convertido en un campo de batalla por lo que están contando ahora mismo, tengo que marcharme- gritó haciéndose paso entre la gente e intentando llegar hasta la salida, pero dos policías le hicieron un placaje digno de un partido de rugby - Tenemos que salir de aquí, van a venir a por nosotros- chilló histérico.

-Cállese, no asuste a los niños - le recriminé. En ese momento se escucharon unos disparos provenientes del exterior del campo, la gente situada en las gradas más elevadas señaló algo y acto seguido comenzaron a correr hacia abajo, buscando las salidas como posesos.

Fue entonces cuando oí por primera vez aquellos alaridos y aullidos, en aquel momento no supe con qué relacionarlos, ahora sé que ese era el sonido de la muerte.

¿Sabes qué fue lo que pensé la primera vez que vi a uno de ellos?, nada, no pensé en nada, no supe reaccionar, nadie supo reaccionar. ¿En qué mente racional del siglo XXI entraba la posibilidad de contemplar el angustioso caminar de una mujer medio cubierta por un sudario que se acercaba como una drogadicta en busca de su dosis a los jugadores mientras una lluvia de balas intentaba sin éxito detenerla.

Los disparos hicieron jirones el sudario y pudimos contemplar lo que quedaba de su rostro, ¡Santo Dios!, seguro que aquella mujer había sufrido una muerte dolorosa puesto que solo tenía media mandíbula y la frente estaba parcialmente aplastada.

Percibí un olor nauseabundo, aquella cosa no estaba sola, venía acompañada por decenas, de todas las edades, tamaños, nacionalidades y estados. ¿Qué hicimos?, permanecer quietos, aquello era todo un shock, ésto no era una película de terror, era real. ¿Sabéis cuando vimos que al menos se asemejaban a un film?, en el momento que tres de esas cosas se abalanzaron sobre el jugador estandarte de nuestra selección y de cuyo equipo ahora no quiero acordarme, al cual lo primero que hicieron fue arrancarle las piernas como el que le arranca los muslos a un pollo, ahí fue cuando comenzamos a correr todos hacia las salidas, una temeridad puesto que por ellas eran por donde acechaban aquellos seres.

Llevaba a mi hijo apretado contra mi pecho, no quería que viese las escenas de carnicería que yo iba contemplando, nunca se me quitará de la imagen ver el cuerpo reanimado de un viejo que debió morir con unos ochenta años acercarse a un carrito de bebé y llevarse al pobre crío con él para desaparecer el bebé rodeado de brazos. Joder, ¿a quién se le ocurre traer a una criatura a un campo de fútbol?, pero claro, nadie iba a saber que aquella tarde los muertos iban a levantarse para hacer de nosotros su merendola.

A pesar del peligro que conllevaba, la gente pronto comprendió que juntándose, era capaz de derribar a aquellas criaturas y ganar unos vitales segundos, realmente eran torpes y tenían un comportamiento curioso, podían agarrar a una víctima, morderla y si veían pasar a alguien a su lado, olvidarse de ella completamente e ir a por otra persona.

En muchas de las salidas se habían formado auténticos tapones humanos, convirtiéndose en una trampa mortal, pero curiosamente, en nuestra grada la salida estaba totalmente libre de obstáculos humanos, la razón, gracias a no sé sabe muy bien por qué, estaba medio vacia de espectadores, no se habían vendido las entradas esperadas. En ningún momento me acordé de aquellos desdichados jugadores cuyo futuro era un infierno de mordiscos.

Atisbé la luz al final del puente y lo que me encontré fue algo totalmente dantesco, la policía disparando indiscriminadamente contra todo ser que gimiese, pronto comprendí una cosa, si eras mordido, automáticamente te convertías en uno de ellos, puesto que vi algún uniforme azúl lanzarse como posesos hacia la aterrada masa de gente que abandonaba el estadio.

Los brazos se me habían quedado dormidos, le dije a Marcos que se pusiera de pie, que me cogiera la mano y que sobretodo, cerrara los ojos y se dejara llevar. Asintió y me dijo que estaba preocupado por su madre, yo también lo estaba.

A pesar del grave peligro que conllevaba, recuerdo que les superábamos aún en número y también en agilidad, mi única intención era alcanzar el coche y abandonar esa zona de guerra echando leches para ir en búsqueda de mi mujer, fue entonces cuando escuché ese disparo... y cuando sentí que la mano de Marcos dejaba de hacer fuerza...

El cuerpo inerte de mi hijo cayó al suelo, en su pecho se estaba formando una mancha de sangre que poco a poco iba creciendo, una bala perdida le había alcanzado. Me quedé paralizado y comencé a llorar y a golpear su cuerpo inerte, en ese momento una mujer se acercó corriendo a mí y me intentó levantar.

- Está muerto, está muerto, ahora tiene que correr por su vida - me gritó, pero no hice ni caso y volví a golpear el pecho de Marcos, iba a lanzar otro golpe cuando ella puso su brazo en medio...

Como un resorte Marcos se levantó y le propinó un brutal mordisco, llevándose parcialmente a la boca una parte de un tatuaje tribal que la mujer llevaba en su brazo. Lanzó un grito de dolor y se fue corriendo, yo me quedé petrificado, Marcos me miró, con unos enormes ojos casi transparentes y gimió, creo que incluso llego a decir... papá. Pero no quise cerciorarme porque pronto sentí que aquello no era ya mi hijo, era un jodido muerto viviente que masticaba un trozo de carne humana como si fuera un chicle.

Corrí lo más que pude, esquivando a muchas de esas cosas, a pesar de tener la vista borrosa por las lágrimas, era fácil escurrirse de ellas, mucha gente caía en sus garras simplemente por el mero hecho de que se chocaban con ellas y al reaccionar ya tenían sus dientes clavados.

Joder, otra escena que tampoco se me olvidará, una jovencita de unos diecisiete años con un pecho totalmente destrozado y al aire mordisqueaba el cuello de un chico de su edad en el capó de mi coche, abrí el cierre centralizado, subí y arranqué, estaba tan concentrada en su víctima que no se había percatado de mi presencia.

Abandonar el aparcamiento se convirtió en un suplicio, ¿por qué en esos momentos de caos la gente se obcecaba en ir por la calzada?, directamente me subía y bajaba por las aceras, algunos vehículos se intentaban llevar por delante a alguna de esas cosas, pero en la vida real, golpear un cuerpo no significaba hacerse camino, significa detenerse por el impacto y creedme, no es muy agradable ver como una familia de cinco miembros es rodeada en su propio monovolumen para convertirse en el postre de decenas de muertos andantes.

¿En qué pensaba?, ¿muertos vivientes?, aquello era científicamente imposible, pero mis ojos lo habían contemplado, diablos, incluso había visto a mi hijo convertido en uno de ellos.

Clara...

Debía ir con ella, gracias a pasar por las aceras pude sobrevivir, el atasco en la salida del estadio se había convertido en un buffette libre.

¿Muertos vivientes?... no podía ser real...

Clara...

Cuéntame un cuento

"And I think to myself, what a wonderful world".

Durante mucho tiempo, asociaba esta frase con imágenes de guerra y destrucción,ahora,con el fin del mundo.

No sé ni qué día es ya, el tiempo ya no importante para mí. Solo existe una rutina en mi mente, la rutina de sobrevivir. ¿Sobrevivir a qué?, te estarás preguntando. Uf, como se nota que no escuchas los golpes.

Por un lado surgen de mi habitación de matrimonio, cerrada con un candado cuya llave arrojé por el retrete perdiéndose en la oscuridad eterna de las tuberías de desperdicios para siempre. Ya no son tan persistentes, los primeros días eran insoportables, una y otra vez la puerta era golpeada y, junto a ellos, un recital de alaridos, con todo un amplio despliegue de tonos, desde los más agudos, a los más graves.

Por otro lado, tenemos el mismo tipo de golpeo en la puerta de entrada, el pequeño bastardo no se cansa, ahí sigue desde el momento que volvió a su casa, de vez en cuando se le une algún vecino, pero éstos se cansan enseguida. En cambio, el rubito no.

Se ve que después de probar el sabor de su madre, quiere probar el sabor de su padre, lo siento hijo, pero te vas a quedar con las ganas, no voy a ser tan torpe como ella, además, no tengo a nadie que me encierre en otra habitación.

Observo la pantalla del pc de sobremesa que ilumina el salón, ¡vaya!, !qué tenemos aquí!, una contestación de un post mío escrito hace... joder, tres semanas, ¡ha transcurrido un mes!.

"Hola Berna, si aún estás vivo, podemos ayudarte, pero tienes que contarnos tu historia, tenemos que saber cómo has sobrevivido y sobretodo, cómo viviste el principio del incidente".

Malditos cabrones, voy a tener que volver al pasado para rememorar todo, hoy no me apetece. Solo quiero dormir.

Antes de acostarme, echo un último vistazo por la ventana a lo que queda de mi calle, el mismo panorama de siempre, la basura se va acumulando transportada por el viento, a la par que los gemidos de esos cabrones retumban por todos los rincones.

Mañana contaré mi historia, ¿ayudarme?, no sé cómo me van a ayudar, en un mundo donde los muertos caminan no hay sitio para la ayuda.