martes, junio 09, 2009

Mi pequeño apocalipsis

Bien, así que la persona o las personas que se esconden bajo el nick de hunters quieren conocer mi historia.

Un mes atrás, la rutina diaria solo fue interrumpida por la sonrisa de Marcos, mi hijo de nueve años, al contemplar las dos entradas para el partido de fútbol que yo sostenía ante su mirada vivaracha. Iba a ser la primera vez que pisase a un estadio y, como bautizo de fuego, ni más ni menos que los campeones de Europa en un partido amistoso.

A su madre no le hacía mucha gracia verse separada de su pequeño y más sabiendo que iba a ir a un lugar rodeado de treinta mil energúmenos cuya máxima obsesión era berrear y recordar constantemente a los familiares del árbitro.

Clara parecía poseer un sexto sentido para las fatalidades, aquel miércoles por la mañana me rogó que no fuéramos al campo.

- No te preocupes, no va a pasar nada, ya no es como antes, además es un partido amistoso- le dije mientras me ponía una camisa blanca pulcramente planchada por mí la noche anterior, cosas de la vida moderna, si mi difunto abuelo me viese...

Al crío no le iba a quitar la ilusión, desde que se había levantado llevaba puesta la camiseta oficial y con ella se tiró puesta todo el día, hasta las ocho de la tarde, hora en la que añadió a su equipación una bufanda. Yo no llevé nada, nunca me había gustado hacer ostentación por algo que realmente no me solucionaba la vida, a fin de cuentas, al día siguiente me tenía que levantar a la misma hora para soportar el mismo horario infernal de 10 horas.

El crío alucinaba con la cantidad de gente que se amontonaba en las puertas de acceso, me hizo gracia ver como se aferraba a su entrada cuando una chica le pidió que se la enseñara, debió pensar que esa malvada morena se la iba a robar puesto que solo le enseñó el borde.

Las gradas eran una auténtica locura, el ambiente era totalmente festivo, no era de extrañar, una ciudad tan pequeña como ésta albergando a jugadores cuyas cláusulas eran el equivalente al presupuesto de varias empresas del entorno.

Sonó el himno nacional del equipo visitante, si soy sincero, ni me acuerdo de que país era, creo que uno pequeño cuyo nombre terminaba en astán. Fue entonces cuando comenzaron los problemas. Antes de ponerse a tocar el himno nacional, me pareció escuchar varios disparos lejanos, eran ráfagas que se repetían una y otra vez en varios puntos de la ciudad.

-Atención, debido a los incidentes que se están produciendo en el resto de la ciudad, el partido ha sido suspendido, por su seguridad, manténganse en su asiento hasta nuevo aviso- avisó una voz por megafonía.

¿Incidentes?, ¿qué incidentes?, nos preguntábamos todos, durante el camino hacia el estadio todo se encontraba en el mismo sitio, todo era igual,la ciudad iba y venía como todas las tardes.

-Papá, ¿qué pasa?, ¿por qué se meten los jugadores al vestuario?- preguntó Marcos.

-No lo sé, todo irá bien - le dije, pero en mi interior sabía que no iba nada bien. Todo era muy extraño. ¿De qué magnitud eran esos incidentes que megafonía repetía incesantemente?, ¿acaso un grave atentado?. Me vino a la mente la voz de mi mujer, debí haber hecho caso a sus palabras.

-Papá, papá, salen otra vez al campo, pero papá, ¿por qué les protege la policía?.

-Joder, debemos marcharnos de aquí ahora mismo - dijo un viejo con una radio con auriculares - el centro de la ciudad se ha convertido en un campo de batalla por lo que están contando ahora mismo, tengo que marcharme- gritó haciéndose paso entre la gente e intentando llegar hasta la salida, pero dos policías le hicieron un placaje digno de un partido de rugby - Tenemos que salir de aquí, van a venir a por nosotros- chilló histérico.

-Cállese, no asuste a los niños - le recriminé. En ese momento se escucharon unos disparos provenientes del exterior del campo, la gente situada en las gradas más elevadas señaló algo y acto seguido comenzaron a correr hacia abajo, buscando las salidas como posesos.

Fue entonces cuando oí por primera vez aquellos alaridos y aullidos, en aquel momento no supe con qué relacionarlos, ahora sé que ese era el sonido de la muerte.

¿Sabes qué fue lo que pensé la primera vez que vi a uno de ellos?, nada, no pensé en nada, no supe reaccionar, nadie supo reaccionar. ¿En qué mente racional del siglo XXI entraba la posibilidad de contemplar el angustioso caminar de una mujer medio cubierta por un sudario que se acercaba como una drogadicta en busca de su dosis a los jugadores mientras una lluvia de balas intentaba sin éxito detenerla.

Los disparos hicieron jirones el sudario y pudimos contemplar lo que quedaba de su rostro, ¡Santo Dios!, seguro que aquella mujer había sufrido una muerte dolorosa puesto que solo tenía media mandíbula y la frente estaba parcialmente aplastada.

Percibí un olor nauseabundo, aquella cosa no estaba sola, venía acompañada por decenas, de todas las edades, tamaños, nacionalidades y estados. ¿Qué hicimos?, permanecer quietos, aquello era todo un shock, ésto no era una película de terror, era real. ¿Sabéis cuando vimos que al menos se asemejaban a un film?, en el momento que tres de esas cosas se abalanzaron sobre el jugador estandarte de nuestra selección y de cuyo equipo ahora no quiero acordarme, al cual lo primero que hicieron fue arrancarle las piernas como el que le arranca los muslos a un pollo, ahí fue cuando comenzamos a correr todos hacia las salidas, una temeridad puesto que por ellas eran por donde acechaban aquellos seres.

Llevaba a mi hijo apretado contra mi pecho, no quería que viese las escenas de carnicería que yo iba contemplando, nunca se me quitará de la imagen ver el cuerpo reanimado de un viejo que debió morir con unos ochenta años acercarse a un carrito de bebé y llevarse al pobre crío con él para desaparecer el bebé rodeado de brazos. Joder, ¿a quién se le ocurre traer a una criatura a un campo de fútbol?, pero claro, nadie iba a saber que aquella tarde los muertos iban a levantarse para hacer de nosotros su merendola.

A pesar del peligro que conllevaba, la gente pronto comprendió que juntándose, era capaz de derribar a aquellas criaturas y ganar unos vitales segundos, realmente eran torpes y tenían un comportamiento curioso, podían agarrar a una víctima, morderla y si veían pasar a alguien a su lado, olvidarse de ella completamente e ir a por otra persona.

En muchas de las salidas se habían formado auténticos tapones humanos, convirtiéndose en una trampa mortal, pero curiosamente, en nuestra grada la salida estaba totalmente libre de obstáculos humanos, la razón, gracias a no sé sabe muy bien por qué, estaba medio vacia de espectadores, no se habían vendido las entradas esperadas. En ningún momento me acordé de aquellos desdichados jugadores cuyo futuro era un infierno de mordiscos.

Atisbé la luz al final del puente y lo que me encontré fue algo totalmente dantesco, la policía disparando indiscriminadamente contra todo ser que gimiese, pronto comprendí una cosa, si eras mordido, automáticamente te convertías en uno de ellos, puesto que vi algún uniforme azúl lanzarse como posesos hacia la aterrada masa de gente que abandonaba el estadio.

Los brazos se me habían quedado dormidos, le dije a Marcos que se pusiera de pie, que me cogiera la mano y que sobretodo, cerrara los ojos y se dejara llevar. Asintió y me dijo que estaba preocupado por su madre, yo también lo estaba.

A pesar del grave peligro que conllevaba, recuerdo que les superábamos aún en número y también en agilidad, mi única intención era alcanzar el coche y abandonar esa zona de guerra echando leches para ir en búsqueda de mi mujer, fue entonces cuando escuché ese disparo... y cuando sentí que la mano de Marcos dejaba de hacer fuerza...

El cuerpo inerte de mi hijo cayó al suelo, en su pecho se estaba formando una mancha de sangre que poco a poco iba creciendo, una bala perdida le había alcanzado. Me quedé paralizado y comencé a llorar y a golpear su cuerpo inerte, en ese momento una mujer se acercó corriendo a mí y me intentó levantar.

- Está muerto, está muerto, ahora tiene que correr por su vida - me gritó, pero no hice ni caso y volví a golpear el pecho de Marcos, iba a lanzar otro golpe cuando ella puso su brazo en medio...

Como un resorte Marcos se levantó y le propinó un brutal mordisco, llevándose parcialmente a la boca una parte de un tatuaje tribal que la mujer llevaba en su brazo. Lanzó un grito de dolor y se fue corriendo, yo me quedé petrificado, Marcos me miró, con unos enormes ojos casi transparentes y gimió, creo que incluso llego a decir... papá. Pero no quise cerciorarme porque pronto sentí que aquello no era ya mi hijo, era un jodido muerto viviente que masticaba un trozo de carne humana como si fuera un chicle.

Corrí lo más que pude, esquivando a muchas de esas cosas, a pesar de tener la vista borrosa por las lágrimas, era fácil escurrirse de ellas, mucha gente caía en sus garras simplemente por el mero hecho de que se chocaban con ellas y al reaccionar ya tenían sus dientes clavados.

Joder, otra escena que tampoco se me olvidará, una jovencita de unos diecisiete años con un pecho totalmente destrozado y al aire mordisqueaba el cuello de un chico de su edad en el capó de mi coche, abrí el cierre centralizado, subí y arranqué, estaba tan concentrada en su víctima que no se había percatado de mi presencia.

Abandonar el aparcamiento se convirtió en un suplicio, ¿por qué en esos momentos de caos la gente se obcecaba en ir por la calzada?, directamente me subía y bajaba por las aceras, algunos vehículos se intentaban llevar por delante a alguna de esas cosas, pero en la vida real, golpear un cuerpo no significaba hacerse camino, significa detenerse por el impacto y creedme, no es muy agradable ver como una familia de cinco miembros es rodeada en su propio monovolumen para convertirse en el postre de decenas de muertos andantes.

¿En qué pensaba?, ¿muertos vivientes?, aquello era científicamente imposible, pero mis ojos lo habían contemplado, diablos, incluso había visto a mi hijo convertido en uno de ellos.

Clara...

Debía ir con ella, gracias a pasar por las aceras pude sobrevivir, el atasco en la salida del estadio se había convertido en un buffette libre.

¿Muertos vivientes?... no podía ser real...

Clara...